En abril de 2001 tuve la gran dicha de iniciar la carrera de medicina en la Universidad del Zulia. Momento éste que fue de júbilo por tratarse del comienzo de una nueva etapa en mi ciclo personal de vida, donde la satisfacción de cumplir con una de mis vocaciones fue evidente, sin duda alguna.
Conforme fui cursando la carrera, fui dándome cuenta de lo maravillosa que era a través de las características que las asignaturas le daban a cada año de la misma. El 5º año de la carrera de medicina fue un año particularísimo por la variedad de sus asignaturas, así como por la programación de tiempo de las mismas. Entraba en contacto con áreas del conocimiento mucho más distintas a aquellas que las antecedían y, al mismo tiempo, solidificaba mi vocación y mi amor por esta ciencia.
No obstante, de las tres asignaturas semestrales del 5º año hubo una que atrajo mi curiosidad por lo novedosa que resultaba ser para el contexto de la formación básica del médico. Se trataba de Medicina Familiar, la cual es una especialidad por todos bien conocida, por algunos sumamente degradada. Asistí a la primera clase con total desconocimiento del significado de aquella asignatura y no imaginaba lo maravillosa que resulta ser. Llegó entonces la profesora a la cual correspondía mi grupo (felizmente se trató de la Dra. Rosanna D’ Adossio, actual jefa de cátedra), llamaba la atención su personalidad tan particular que reflejó luego su calidad humana. Al conocer el programa de la cátedra la impresión fue única por su carácter novedoso y dinámico.
Se nos dijo, incluso, que la asignatura de medicina familiar era considerada la primera clínica ambulatoria, cosa que contribuyó a acrecentar mi asombro y admiración. De ese modo, y a medida que fui estudiando y recibiendo la instrucción debida en cada uno de los temas correspondientes al contenido programado, tomó forma en mi campo de convicciones la concepción de esta especialidad, y al final de la misma expresé mi total satisfacción por lo aprendido en ella. Ninguna otra asignatura que había cursado hasta entonces empleaba un método tan dinámico, novedoso y eficaz como el de ésta, que no es otro sino el de la Medicina Basada en Evidencias (MBE) y la comprensión de las enfermedades más comunes en nuestro medio jamás había sido tan notoria.
Tuvo la novedad, además, de efectuar la atención clínica no sólo enfocando al paciente, que es la razón de ser del buen médico, sino también al núcleo familiar que significativamente influye en el bienestar y la salud del individuo, así como en la aparición o agravamiento de la enfermedad. Con una historia integral orientada por problemas, el conocimiento de los ciclos de vida familiar y personal, la aplicación del método clínico centrado en el paciente combinado con la perspectiva médica, y el conocimiento de la sensibilidad y especificidad de las pruebas paraclínicas, así como la nueva manera de estudiar los problemas de salud más frecuentes, la Medicina Familiar es para mí, sin lugar a dudas, la más progresista, moderna e innovadora de las disciplinas médicas, tanto por la particularidad de su enseñanza en el pregrado y en el postgrado como por la visión humanística e integradora que le concede a la medicina.
Hoy en día, cuando la noble ciencia y arte de Hipócrates, Galeno, Vargas y Fernández Morán (por sólo decir algunos) sufre una deshumanización encarnizada y progresiva, tanto por culpa de los actuales médicos como de los profesores y estudiantes, que siguen centrándose en el concepto biológico sin conjugarlo con el marco psicológico, social y espiritual, se hace imperiosa y ostensible la transformación de la enseñanza médica tanto en el pregrado como en postgrado.
La Medicina Familiar es el mejor ejemplo de la enseñanza que deben recibir los estudiantes de hoy y mañana para formar a médicos humanos, con espíritu filantrópico, que mediante el razonamiento en el cual se basa el aprendizaje basado en problemas puedan resolver fácilmente los problemas de salud que afrontan, que puedan mantener una renovación constante de sus conocimientos mediante el contacto con la internet y las revistas de actualización médica. Sólo así formaremos a los médicos de atención primaria que tanto requiere Venezuela.
Por tal motivo, considero que ya es tiempo de demoler esa estructura dogmática, carcomida, estática y deshumanizada que caracteriza a la actual enseñanza médica en nuestra facultad, y quizás, en el resto de Venezuela. Demos paso a una formación moderna, humana, altruista, dinámica, integral y pensadora. La Medicina Familiar es tan solo el punto de partida, la gran meta es nuestra ciencia y arte, que es la medicina (Tomado de Panorama, 14/07/2006).-
Estudiante de 6º año de medicina