Hablemos del dolor María Eugenia Gascue Schwarts
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- Creado en Miércoles, 25 Abril 2012 10:32
Esta emoción nos acompaña a lo largo de la vida, si pretendemos negarla, excluyéndola, ella pulsará para que sea reconocida y atendida.
Hay maneras de ver el tema del dolor de una forma más sabia, míralo como un laberinto, comprendiendo que el intelecto no puede abarcar sus raíces, obsérvalo desde arriba, más allá de lo que se ve a simple vista, buscando respuestas que están por encima del razonamiento. Del otro lado del muro éste tiene un diseño perfecto, con su propia lógica y solo podrá ser comprendido por quien lo recorra hasta la salida o por quien logre ver sus vericuetos desde lo alto.
Existen al menos dos tipos de dolor: un dolor legítimo, cuyas causas son bien concretas y que nos toca transitar, y un dolor evitable, generado por nuestro propio ego, el del apego, el que nos hace olvidarnos de nosotros mismos, de nuestra esencia.
Quien vive la vida con desapego es más fluido, más espontáneo, tiene menos miedo. Puede vivir una vida en la que se entrega con toda su conciencia, sin colocar su identidad en el afuera. Cuando se habla de desapego no se trata de vivir impávido, frío, desligado y anestesiado.
La idea no es que no tengamos cosas sino que las cosas no nos tengan a nosotros. Haz una lista de diez objetos que consideras "míos", así como dicen los niños, aquellos de los que te costaría mucho desprenderte, que crees te representan. Ve poco a poco tachando uno a uno, como si te fueses a desprender de él, observa lo que sientes hasta quedarte solo con dos. Registra tus sensaciones y de cómo el apego repercute en tu vida y es generador de dolor.
A medida que vamos madurando, aumentando nuestro nivel de conciencia, modificamos la forma como nos vinculamos con el dolor propio y ajeno, lo que era un problema penoso antes, puede que ya no lo sea en el presente, igualmente pasa con aquello que nos hacía sufrir y ya no nos produce lo mismo.
El pasado también puede que sea generador de dolor, por lo bello que ya pasó o por lo doloroso que no logramos resolver, soltarlo es un acto que requiere determinación y mucha presencia de sí. Eso es soltar parte del dolor inútil.
Es importante también tomar en cuenta cómo nos vinculamos con nuestro cuerpo cuando hablamos del dolor. Hay males físicos que son inevitables o difíciles de evitar y hay otros que son autoprovocados y evitables. Si tu cuerpo hablara, qué crees que te diría, qué necesita él de ti.
Si somos rígidos y vamos contra la corriente de los hechos, cuando no los aceptamos como son, el resultado es el dolor y el deterioro. Aprender a fluir, a montarnos en la ola nos evitará el desgaste inútil.
Transitar el dolor puede producir en nosotros una metamorfosis, que nos haga activar lo mejor que llevamos dentro (El Universal, 25/04/2012).-
Twitter: @marugascue
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