Tulipanes Fátima Dos Santos
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- Creado en Miércoles, 18 Julio 2012 18:37
Irónicamente, esto llevó a una crisis en la economía holandesa, caracterizada por una apreciación del florín, que se hizo más fuerte frente a otras monedas. Se produjo entonces una alta inflación y dificultades en exportar productos distintos al gas. De allí en adelante el fenómeno pasó a llamarse "Síndrome Holandés: una bonanza con retruécano".
Si el síndrome ocurre a largo plazo, otro de sus efectos es el abandono de sectores productivos menos rentables. Ejemplo, en el caso holandés, dejarían de criar vacas y cultivar tulipanes, y en Venezuela abandonaríamos la agricultura y la manufactura. Al final, todo el país desearía trabajar en áreas vinculadas con el sector que genera esos ingresos extraordinarios… o no trabajar, pero vivir de él. En Venezuela el Síndrome Holandés es lo que llamaría un angloparlante una condition.
Cuando el fenómeno se gesta, las medidas económicas que tome el Estado contribuyen a matizarlo. Si el síndrome holandés ocurre en el contexto normal de un tipo de cambio libre (donde el precio de las monedas varía todos los días, dependiendo de la oferta y la demanda), la moneda de la nación afectada se hace más fuerte, lo cual disminuye sus posibilidades de exportar, porque comprarle algo a la Holanda de los setenta (o a Venezuela ahora) termina siendo un privilegio carísimo.
En contraposición, cuando el tipo de cambio está anclado, el síndrome holandés produce efectos que conocemos bien: un aumento en la cantidad de dinero circulante en el país, con una sensación borracha de abundancia, que lleva a un incremento de los precios de bienes y servicios. ¿Por qué ocurre esto? Porque todos tenemos más dinero para comprar una cantidad limitada de bienes, y nos peleamos por ellos hasta el punto de que los obtiene el que está dispuesto a pagar más. La intervención tradicional del Estado es controlar los precios, y eso desencadena desabastecimiento y mercado negro de productos.
¿Se sintió usted reflejado en este espejo?
Una solución estructural para enfrentar este desbalance es el desarrollo de sectores productivos alternativos. Los Estados logran eso mediante créditos a tasas blandas, disminución de aranceles de exportación, reducción en los impuestos, subsidio de materias primas o maquinarias, etc. Por ejemplo, supongamos que Venezuela, identificándose con los holandeses, decide apoyar el cultivo de tulipanes: el Estado vendería semillas a bajo precio, exoneraría del Islr a los productores, etc. y al mismo tiempo intentaría lograr la firma de un contrato colectivo excelente con los obreros tulipaneros, para que todo venezolano desee trabajar en tulipanes. Por el contrario, si el Estado requisara los equipos de los productores de tulipanes, les parara las semillas en los puertos, les infiltrara los sindicatos, les colocara multas, y se niega a negociar el contrato colectivo, los tulipanes se marchitarán.
Traigo este tema como posible tópico para discutir en los Viernes Económicos. Sin embargo, vista la historia, me parece prudente aclarar que lo de la siembra de tulipanes es un ejemplo sarcástico, no una sugerencia. Creo que los tulipanes (al igual que los olivos) no crecen en el trópico, ni que lo ordene nadie.
(http://www.elmundo.com.ve/firmas/fatima-dos-santos/tulipanes.aspx, 18/07/2012).-