Aprender a perder     Carlos Subero

Hay una forma tradicional de contar los votos en la cultura política de casi todas las sociedades democráticas: cuando dos o más grupos postulan juntos, sus votos se cuentan juntos y se suman; si postulan por separado, los votos se cuentan por separado.
También en Venezuela se cumple esto por ley, al menos desde de la década de los años 40 del siglo pasado. Sin embargo, con frecuencia escuchamos de boca de dirigentes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que en los comicios del 26 de septiembre de 2010 la oposición obtuvo "una mayoría de 52%" y el oficialismo 48%.
Esto, además de ser una forma de atrapar a incautos, proviene de cierta peligrosa dificultad moral -bien conocida en Venezuela- para admitir la derrota. Todavía se espera que Oswaldo Álvarez Paz reconozca que Rafael Caldera le ganó las elecciones en 1993 o que Francisco Arias Cárdena haga lo propio con el Hugo Chávez de 2000, porque no lo hizo en su momento.

Las cifras oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE) arrojan que para las elecciones al Parlatino (circunscripción nacional) la alianza del Psuv-Pcv obtuvo 46,71% de los votos válidos frente a 45,1% de la alianza de la MUD. Otros partidos -que postularon aparte- obtuvieron el restante 8,28%. Esas son las cifras oficiales.

Pero si aplicamos el criterio jurídico y matemático que usa la MUD para acercarse a la curiosa conclusión de que es "mayoría", llegaríamos a varios absurdos como los que siguen:

1 En las elecciones generales españolas del 9 de marzo de 2008, José Rodríguez Zapatero fue a la reelección con su partido Psoe. Obtuvo la primera minoría con 44% y resultó obviamente reelecto para otro período de cuatro años.
El Partido Popular (PP) sacó 40%. Si se aplica la mecánica absurda que pretende la MUD se llegaría a la conclusión de que el Psoe, con su 44%, perdió los comicios debido a que 56% de la oposición lo supera, aunque esta proporción se logre uniendo a seis o siete partidos como PP, Canarios y CIU que no postularon unidos.

2 En las elecciones generales españolas del 20 de noviembre de 2011, Mariano Rajoy y su Partido Popular obtuvieron la primera minoría de 45% de los votos (y una mayoría en cantidad de diputados).
El gubernamental Psoe obtuvo 29% y los demás partidos el restante 26%. Si se aplica el criterio que pretende la MUD se concluye que el PP perdió las elecciones porque la mayoría absoluta de 55% no votó por este partido.

3 En las elecciones mexicanas del 1° de julio de 2012, el ganador Enrique Peña Nieto y su alianza PRI-Verdes obtuvo 38% de los votos válidos. Manuel López Obrador sacó 32% y la gubernamental Josefina Vásquez 25%.
Según los criterios de la MUD se pueden sumar el 32% de López Obrador con el 25% de Vásquez para llegar al absurdo de que Peña Nieto perdió las elecciones mexicanas.

En estos tres casos a nadie se le ha ocurrido sugerir siquiera una salida como pretende la MUD, debido a un elemental principio de seriedad.

Queda claro que cuando ningún partido o candidato obtiene la mitad más uno de los votos válidos, cualquier grupo de diputados (o diputadas), aventurero del análisis, puede venir y manipular las cifras para enredar a los desprevenidos.

La realidad dicta que en septiembre de 2010 ninguna de las alianzas obtuvo la mayoría absoluta. Aunque unos obtuvieran más votos válidos que otros, todos quedaron en minoría.
Pero dirigentes de la MUD siguen sosteniendo que ellos obtuvieron la mayoría y hacen elaboración artificial trayendo por las mechas un supuesto 52%. Pero la mayoría no quedó en ninguno.

Se trata entonces de que miembros de la MUD aplican la misma filosofía con la que la difunta Lina Ron intentaba convencer a los caraqueños sobre el derecho que tendrían los buhoneros de utilizar las calles del centro de la capital: "Lo que no es de nadie -decía Lina- es de todos, y como es de todos, los buhoneros las pueden usar".

Solo hay una forma de contar los votos, y ese tema es parte no sólo de la ley venezolana sino de su cultura política.

Venezuela transita en estos momentos un camino donde hace falta responsabilidad de la dirigencia política para admitir su derrota, porque a alguno le va a tocar. 

Ni más ni menos, hay que aprender a perder.