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Idea exagerada de vida          Eccio León R.

Lunes, Febrero 3, 2014
  • Opinión

Quien se forma una idea exagerada de su grandeza y de su importancia llega a figurarse que no hay nada que no se le deba. "Pero todas las cosas, cuando en su uso falta un orden, pueden ser perjudiciales. Hay venenos que en pequeñas dosis son medicina y que tomados en grandes cantidades producen la muerte. No perece la mosca por probar la miel, sino porque se le pegan las alas a ella. Es avaro quien desea adquirir y guardar dinero y posesiones y sufre por perderlas, quien vive para acrecentar sus ganancias apegado a las riquezas y puesto su corazón en ellas"..

"Se puede tener dinero y propiedades sin tener avaricia, teniendo las cosas como si no se las tuviera, y puede haber avaricia sin propiedades, no teniendo nada pero deseando tenerlo todo. Hay quien es avaro en el adquirir y no lo es en el conservar, pues codicia los bienes para gastarlos, como medios para satisfacer al ego". De alguna manera, la avaricia es la causa y la raíz de todos los demás egos. Es un vicio que se disfraza de tal forma que parece que es algo bueno, y por ello a casi todos devora. Se oculta bajo la apariencia de virtud, y se hace pasar por previsión y prudencia. En un principio deja alguna libertad y algún tiempo a los que la alimentan, pero luego los domina y los ocupa del todo.

Muchos de los que trabajan para desintegrar sus vicios acaban por sucumbir a éste. Les ocurre que después de haber seguido filosofías y creencias que les acercaban a cuestiones sutiles se entregan con un deseo desmesurado al polvo de la tierra. Es en la vejez cuando la avaricia viene a devorar el alma. Cuando el ser humano que no vive espiritualmente se ve empujado por la vida tan cerca de la muerte, pierde todas las esperanzas terrenas y se suele abrazar en su desesperación al dinero y a las posesiones, como si fuera un náufrago que se aferra a un salvavidas.

No comprende que las posesiones tienen para él mucho peso y le harán hundirse más rápidamente. El que ve cómo en su vida se desintegran los objetos que antes deseaba e idolatraba se suele inclinar aún ante las propias posesiones. Ocurre muchas veces que las mismas personas que están oprimidas por las tristezas y las lágrimas se regocijan en las riquezas y en el dinero, en ellas se gozan ansiosas las manos que no pueden ya recoger ninguna flor en el jardín de la vida. Nada tenemos antes de venir y nada tendremos después de morir. El tiempo de la vida pasa veloz, y después de tantos deseos y afanes se termina como se empezó. La vida es como una rueda de molino, que después de tantas vueltas se encuentra uno siempre en su lugar.

La avaricia es como un fuego y las ganancias su combustible, según crecen las ganancias se aviva el fuego de la avaricia. El avariento es como un chacal, que esconde en su cueva los bienes que nunca usará. Todas las criaturas de la naturaleza reparten libremente los dones que de ellas mismas reciben. El sol ofrece su luz y su calor, las flores sus perfumes y los árboles sus frutos. Pero el avaro, insaciable, desconoce que las riquezas y los bienes son como el agua, que permanece cristalina y pura cuando corre, pero que se pudre cuando se estanca. En medio de las riquezas se encuentra pobre y necesitado, no utiliza las riquezas para obrar adecuadamente, pues en este sentido para él, son como si no existieran. Es feliz quien se contenta con lo necesario, y desgraciado el que nunca se satisface. La persona que no desea disfruta de lo que tiene y nada le falta, pues a todo el mundo le falta lo que desea. Al codicioso no le complace, en absoluto, lo que posee, sino que le atormenta lo que anhela poseer. Vive con el alma en aquello de lo que carece y no ve todo lo que le sobra. Pocas cosas hay tan bellas como la libertad, y por ella hace el ser humano los mayores sacrificios, pero el avaro renuncia a ella y, por propia elección, se convierte en esclavo. No posee riquezas, sino que las riquezas le poseen a él. Sus cadenas son de oro, que son las más fuertes de todas. Mucho sufrimiento produce el deseo de adquirir riquezas, pero tanto o mayor sufrimiento provoca el temor de perderlas.

En fin, el avaro se encuentra vigilando sus riquezas, siempre receloso y desconfiado. Quien así teme por sus posesiones, con horror verá acercarse el momento de su propia muerte, en el que la pérdida de todo lo que posee es definitiva. El destino del avaro es sufrir en este plano de la existencia y en el otro. El dinero sólo sirve cuando se usa apropiadamente. Casi siempre vale más cuando se deja que cuando se coge. Por muchos placeres que otorgue el dinero cuando se acumula o se gasta inapropiadamente, el verdadero goce lo proporciona cuando se utiliza correctamente.

ecciol@yahoo.com