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Estudiantes y protestas Carlos Fernández Cuesta

Jueves, Febrero 27, 2014
  • Opinión

Errar, equivocarse en el pronóstico desde la buena fe, forma parte del oficio de pensar el país. Pero es injustificable interpretar los fenómenos sociales y políticos dejándose llevar por el ruido que transpiran las masas desesperadas hasta el hartazgo por las injusticias de una clase política.

Si es indispensable para el opinador expresar lo que no le gusta al grueso de su audiencia, mucho más urgente resultan estas coordenadas para los dirigentes genuinos que aspiren a convertirse en líderes y los de más talento, en estadistas.

De los acontecimientos que vive Venezuela desde hace tres semanas con saldo trágico de fallecidos, centenares de heridos y encarcelados, los estudiantes además de ser los protagonistas y las principales víctimas del terrorismo de Edo de un brutal gobierno policial, no tienen un líder distinto a sí mismos; ninguno es hoy más relevante que otro. Sería falso atribuirle a MCM, ni al injustamente preso LL, ni a HCR el ejercicio de tutoría alguna sobre sus acciones, procedimientos ni el tiempo ni límite que le van a dar a su rebelión.

Los líderes opositores tan sólo son acompañantes de la protesta. Esta ha sido rebasada, aunque MCM y LL se encuentren más conectados, por coincidencia, dadas sus propuestas de tomar la calle indefinidamente.

Lo cierto es que los estudiantes tiene el mando y sus victorias y logros corren el peligro de revertirse si no leen que puede llegar la hora de exigir cambios menos ambiciosos pero en una posición de fortaleza que pudieran perder si los disturbios terminan siendo antipáticos a una población que vea afectada aún más sus ya precarias condiciones de existencia.

A nosotros no nos parece alentadora la ausencia de canales que le den dirección y radares a la protesta, que no se reduce a la tímida o nula influencia del liderazgo opositor sobre ellos; tampoco hay articulación con el descontento generalizado por la catástrofe económica que pueda sintonizar con la población más pobre propensa a inclinarse a favorecer al gobierno y a creerle sus mentiras.

Sigue existiendo en la oposición toda, una subestimación sobre los apoyos de base popular que permanecen fieles al régimen de Maduro. Que al menos mantiene la mitad del país en su respaldo.

La insurgencia de los jóvenes es en sí formidable. Le ha dado un espacio de difusión global al problema venezolano, que en 15 años ninguna de las luchas anteriores había conseguido.

Develó el auténtico rostro de su élite política y de su naturaleza gangsteril. No obstante, lo que no parece realista es el intento de alcanzar objetivos absolutos que se posan en barrer al régimen, prometiendo no abandonar la calle hasta que sus esbirros salgan del poder. Ese efecto contagio que esperaban no parece vaya a producirse y la lucha en la calle tiende a un inevitable desgaste.

La suerte del destino democrático o su postergación infinita e indeseable se encuentra en las manos del movimiento estudiantil. El desbordar el punto culminante de su victoria al excederse imprudentemente de hasta dónde deben llegar, será vital y definitivo del futuro de ellos y de todos los venezolanos.