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Extrañar a Don Arturo       Mariano Nava Contreras

Viernes, Febrero 28, 2014
  • Opinión

Sobre Arturo Uslar Pietri se suscitó hace ya un tiempo una saludable polémica. La discusión se centraba en su participación política, especialmente a finales de los ochentas y comienzos de los noventas, cuando nuestro humanista advertía del "desmoronamiento" de la república, y vaticinaba el comienzo de las entonces inimaginables aventuras que hoy nos han traído hasta este sumidero. Muchos ahora critican el poco inocente papel de Tiresias que jugó, sostienen, al lanzar intencionadas predicciones y aprovecharse de un prestigio incontestable como pieza de un inconfesable juego de las pasiones políticas. Pienso que todavía deben pasarnos algunas cosas más para que podamos calibrar el peso exacto de sus vaticinios, que mucho más truculentas son las peripecias de la historia que las de todas las novelas, todas las tragedias y todas las comedias juntas. Yo mientras tanto, como en la gastada metáfora del vaso medio vacío y el vaso medio lleno, me quedo con el Uslar que tanto nos enseñó, porque si hay algo que sus más enconados enemigos tendrán que reconocer es que supo ser un maestro para todos.

Y como a cada cual su Don Arturo, el mío es el pensador, el ensayista de las ideas sólidas y nobles, maduradas con maña y paciencia como un buen trago de ron. Habrá a quien le guste más el experto novelista, el vigoroso narrador de Las lanzas coloradas, el agudo psicólogo de La isla de Robinson, el hábil y cultísimo tejedor de suspensos en La visita en el tiempo. Otros más sin duda preferirán al ameno presentador de televisión, y algunos al hábil cuentista, de Barrabás a Los ganadores. Algunos se quedarán incluso con el periodista o con el político. Yo por mi parte aprendí de Don Arturo muchas verdades sin las cuales hoy no pudiera pensar ni ser como pienso y como soy. Aprendí, en primer lugar, a querer a nuestra casa, que es la casa de la abuela. A atesorar sus muebles, sus patios, sus corredores y sus ventanas. A saber mirar por ellas para descubrir la belleza de los paisajes, pero también a saber escuchar por los corredores los fantasmas que se deslizan en la noche, silenciosos como una sombra. Aprendí a querer a la gente que vive en la casa, a descubrir en ella los gestos, las facciones de los dignos antepasados, del indio taciturno, del tozudo y aguerrido español, pero también del griego ingenioso y osado, su heredad viva y fecunda. Me lo dijo en muchos lugares, de muchas formas. En su ensayo "Ni tan jóvenes" me enseñó a estar muy orgulloso de nuestra cultura hispana, en "Los nombres de Venezuela" me mostró las travesuras del azar en la aventurada historia que continuamos siendo, en "Tiempo de Indias" me explicó lo especiales que somos los loquitos de casa. De él aprendí, finalmente, algo que ya antes había dicho Aristóteles: que más allá o más acá, bajo y sobre la palabra y la historia, está la vida, ese eterno misterio que la sostiene y la engrandece. Me lo dijo en la cuarteta final de su poema que prefiero,La lagartija de Delos: "De la polis nada queda / sol y ruinas, mar y viento / en el temblor de su raya / la lagartija es lo eterno".

A estas alturas todos estarán de acuerdo, el pensamiento de Uslar Pietri representa la culminación del humanismo venezolano del siglo XX. Su obra, capital para la comprensión de nuestra cultura, puede equipararse a la de un Henríquez Ureña, la de un Alfonso Reyes, la de un Octavio Paz. En nuestro país, se le debe comparar con Mariano Picón Salas, no solo por la profundidad y solvencia de sus ideas, sino también por la quirúrgica precisión, la expresión límpida de su prosa. Como hombre de letras, Uslar Pietri encarna al escritor pleno, aquel que supo emplear todos los géneros y ponerlos al servicio de un pensamiento, sartreana hermandad entre literatura y reflexión. Por estos días, a trece años de extrañar su voz y su lúcida conciencia, me ha dado por preguntarme lo que pensaría él si viera los aciagos y trágicos días que estamos viviendo. Sin embargo me temo, ya lo dije, que todavía nos quede algún tiempo antes de que podamos saberlo.

@MarianoNava